Amanecemos en los reales, una zona de montaña en Estepona y aprovechamos para recorrer el paseo de los pinsapos, que es muy bonito.

Llegamos a casa de los padres de Sam, y hacemos una barbacoa para comer todos juntos.

Por la tarde, salimos a tomar algo.

Pasamos primero por el bar Gachon que es de unos seguidores, Jose y Paula, que nos escribieron para que tomáramos una cerveza.

Luego nos fuimos al restaurante La Bulla, donde habíamos quedado con Gracia, una amiga. Cenamos bastante bien y nos pusimos al día.

Pasamos la noche en la playa del Cristo y a la mañana siguiente nos escribieron Luisma y Pablo para comentarnos que mañana habría buenas condiciones para… ¡hacer parapente!

Porque, sí. Nos quedamos con el mono cuando hicimos el blogtrip en Sierra Espuña y no queríamos dejarlo pasar.

Así que nos pusimos camino a Algodonales, donde pasamos la noche y a la mañana siguiente nos reunimos en la escuela con los chicos.

No hace falta que os recuerde, que yo y las alturas no nos llevamos nada bien. Así que, como me pasó con el barranco, estaba emocionada pero con mucho miedo. Esta vez incluso más. 

Como hay otra pareja de amigos que va a saltar, primero les suben a ellos y luego bajan a por nosotros para llevarnos al punto donde vamos a saltar.

Como pasa con muchos deportes, el parapente no es llegar y saltar. Hay que esperar a que las condiciones sean buenas, y en nuestro caso… tardaron bastante.

La pareja de amigos consigue saltar antes, pero el viento cambia y nos toca buscar otro lugar donde saltar.

En este otro punto no había nadie.

Pasaron unas 5 horas hasta que llegó nuestro momento de saltar.

Mi sensación en ese momento era de absoluto pánico. Y en el momento que se alzó la cometa, casi no podía ni respirar.

Pero dimos dos pasos y ya estábamos volando.

Ninguna sensación de caída. Y a los pocos segundos, ninguna sensación de miedo. ¡Estaba volando! Qué sensación tan extraña y tan bonita. Incluso llegué a coger los mandos.

Samuel salió pocos minutos después. Sin llegar a verle la cara sabía que estaría sonriendo de oreja a oreja.

Hubo un momento en el que volamos muy cerquita. Y los buitres hacían círculos sobre nosotros.

Empezamos a bajar, y al acercarnos al suelo pensé que nos íbamos a dar una torta buena. Pero caímos arrastrando el culo y soltando unas risas.

Samuel bajó también con cara de susto, pero se le veía esa cara de felicidad.

Nada más bajar ya estaba diciendo que quería hacerse el curso.

Al girar la cabeza vimos una pizarra que ponía “Pepe Landing Bar”. Y es que, había un par que vienen con su coche y traen latas de refresco y snacks. Así que tomamos algo con los chicos y nos fuimos.

Tomamos algo por el pueblo porque estábamos muertos de hambre, y dormimos por la zona.