DIARIO DE VIAJE

Desayunamos en el hotel y, de nuevo, cogemos la moto. Esta vez, para ir a ver una cascada y pasa el día en remojo. Así que hoy ¡hay que llevar bañador!

Queremos visitar un par de cascadas, dependiendo del tiempo que tengamos, así que para no pasar mucho frío, optamos por ir a la que está más alejada: Tukad Cepung.

Esta cascada es conocida por estar metida en una cueva y por lo que hemos leído, no es de las más turísticas. Así que nos ponemos en marcha.

La entrada nos cuesta menos de un Euro y el camino hasta la cascada es muy bonito.

Al principio hay un montón de vegetación.

Camino Tukad Cepung

Luego toca bajar algunas escaleras, y llegamos a una zona en la que estamos entre dos muros de roca enormes. Y el camino se va estrechando (no de manera agobiante) según seguimos el curso del agua.

Antes de llegar a la cascada nos quedamos maravillados, pues la roca se estrecha en la parte superior y apenas deja pasar la luz. Toda la parte de arriba está llena de vegetación y la luz parece que “llueve” sobre tu cara. Parece un videojuego de Tomb raider.

Tukad Cepung

Pensamos que no iba a haber mucha gente, ya que aún era pronto y habíamos leído que no era muy turística, peeeero…

Photocall Tukad Cepung

Esta cascada resultó ser otro de los muchos “photocalls” de Bali. Y además, mal.

Nosotros íbamos sobre todo con unas ganas tremendas de bañarnos y estar en remojo todo el día. Pero nada… la gente esperaba la cola, se hacía la foto y… siguiente.

Y no vayas a ir a bañarte, que habrá alguien que te pare y te diga que a la cola. Nos quedamos flipando vaya.

Así que bueno, ya que estábamos allí echamos la foto de rigor y nos fuimos lo más rápido posible.

Tukad Cepung Waterfall

Como se nos había chafado el plan de bañarnos, Samuel se puso a buscar un plan de cascada alternativo. Pero claro, si esta que en teoría era poco turística, estaba llena… no nos queríamos imaginar las otras que son más turísticas.

Así que Samuel encontró una en internet que parece ser que no es muy conocida y estaba a tan solo 12km de donde estábamos.

Nos ponemos en marcha y al llegar a la taquilla pagamos también 15000 rupias. En frente de las taquillas hay un montón de casetas con mesas y sillas, suponemos que en temporada alta será un sitio más visitado.

Dejamos la moto al lado de la taquilla, ya que no se puede ir hasta la cascada con ella.

Después de andar por una camino de tierra durante un rato, empezamos a bajar unas escaleras y nos encontramos a dos turistas chinas (casi sin respiración) y nos dicen que no merece la pena. Que la cascada casi no tiene agua, y que hay un tronco que no les dejaba pasar y que no les había gustado. Así que por un momento, dudamos de si ir, ya que además parecía que el camino no iba a ser fácil. Pero decidimos bajar.

El camino es bastante largo y hay muchas, muchas escaleras. Todo es más salvaje, mucha vegetación, sonido de agua y aves… y no vemos a nadie.

Pasamos por una zona en la que ya empieza a haber mini cascadas. Y vemos una que quizá las turistas chinas creyeron que era la cascada. Posiblemente ni llegaron a la cascada de verdad.

Después de otro rato andando, conseguimos llegar a la cascada. ¡Qué cascada! En ese momento estábamos seguros de que las turistas no llegaron hasta allí, porque obviamente sí merecía la pena verla.

Kuning Waterfall

Estuvimos solos toooodo el rato, así que aprovechamos para hacer foto.

Y… ¡obviamente! aprovechamos para bañarnos. La zona para darse el chapuzón no era muy grande, y al principio daba un poco de cosa meterse ya que la cascada tenía mucha fuerza y estaba muy cerca. Pero una vez dentro se estaba muy a gusto. ¡Lo hemos conseguido!

Kuning waterfall

Ya mucho más felices, nos ponemos en marcha otra vez. Para bajar tardamos una media hora y para subir… bastante más porque… ¡qué de escaleras!.

Teníamos la intención de ir a ver otra cascada: Tegenungan. Pero estamos empapados, destemplados y cansados. Así que nos vamos a cambiarnos al hotel y salimos a cenar.

Visitamos el restaurante donde cenamos ayer: Warung Iga Bakar Lodtunduh para cumplir un reto que nos habían puesto los chicos de Viajar and Roll.

Para los que no nos sigáis de manera habitual, en este viaje por Indonesia pedimos a varios viajeros que nos enviaran retos para cumplir durante el viaje. Y en esta ocasión el reto consistía en pedir a alguien en un restaurante o puesto callejero que nos dejara cocinar un plato a ver quién lo hacía mejor.

El hombre del restaurante nos dejó hacer el reto y lo pasamos muy bien. Hicimos uno de los platos típicos en Indonesia: Nasi Goreng. o lo que es lo mismo, arroz frito.

Y, ¿Quién ganó?. Pues yo, Samara. ¿A caso lo dudábais?

En el próximo post os contamos nuestro siguiente reto: bucear en un pecio hundido.


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